Medicina sin engaños

Medicina sin engaños

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J.M. Mulet. Destino. 2015. 360 páginas. 18 €

Medicina sin engañosCarl Sagan dijo en alguna ocasión: “Cada esfuerzo por clarificar lo que es ciencia y de generar entusiasmo popular sobre ella es un beneficio para nuestra civilización global. Del mismo modo, demostrar la superficialidad de la superstición, la pseudociencia, el pensamiento new age y el fundamentalismo religioso es un servicio a la civilización. Y esto último es precisamente lo que pretende  J. M. Mulet, profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y divulgador científico, en su libro Medicina sin engaños, editado recientemente por Destino.

Estructurado en tres bloques, Medicina sin engaños, comienza estudiando la medicina científica para, a continuación, reflexionar sobre la pseudomedicina y describir sus prácticas más habituales.

En la primera parte, Medicina, el autor realiza un breve recorrido por la historia de la medicina, desde las etapas precientíficas  hasta la medicina moderna, la medicina científica. Mulet, nos recuerda que “el ejercicio de la medicina no implica que el médico sea un científico, pero sí que tiene que utilizar la información científica disponible sobre su especialidad.  Las disciplinas científicas vienen acompañadas por un procedimiento denominado revisión por pares, de forma que el trabajo es revisado y valorado por otros científicos, expertos en la materia, que tienen la capacidad, no sólo de favorecer o limitar su publicación, sino también de reproducir los experimentos para contrastarlos.  Pero, además, a la medicina se le exige una serie de requisitos adicionales antes de validar una terapia o un fármaco y ponerlo a disposición de los profesionales; es necesaria una secuencia ordenada de ensayos clínicos satisfactorios: ensayo in vitro, ensayos con animales y múltiples ensayos clínicos con seres humanos en distintas condiciones. Como bien señala el autor “detrás de una receta que te hace el médico hay cientos de horas de trabajo, muchísima experimentación, análisis y comparación de los distintos resultados”.  Ya aquí surge el criterio fundamental para distinguir entre medicina y pseudomedicina: la pseudomedicina no tiene evidencias científicas que avalen su eficacia.

A continuación el autor se cuestiona sobre las causas de nuestros posibles recelos hacia la medicina, recordándonos que ésta no es una ciencia exacta sino que “es, hoy por hoy, una ciencia probabilística, mientras que otras disciplinas que estudian aspectos relacionados como la biología molecular o y la bioquímica son claramente deterministas…cuando en medicina hablamos de tratamientos, no podemos decir si estos van a funcionar o no, sólo podemos comentar los porcentajes de éxito. El cuerpo humano es lo que en física denominaríamos un sistema complejo, condicionado por un gran número de variables, tanto genéticas como ambientales, que nos impiden predecir con exactitud el resultado de aplicar un  tratamiento específico a un caso concreto.  Además, la medicina como actividad humana e industrial, no olvidemos a las poderosas empresas farmacéuticas, ha sufrido episodios de falta ética y malas prácticas.  Afortunadamente, en general, la mala praxis ha redundado en un endurecimiento de las normas y controles por las instituciones sanitarias que han convertido a la medicina en una disciplina más segura y fiable.

En la segunda parte, Pseudomedicina, Mulet, reflexiona sobre la naturalidad con la que ésta se ha instalado en la sociedad: “El auge de la pseudomedicina nos es más que un signo de la opulencia de la civilización occidental y un efecto secundario no deseado del éxito de la medicina”.  Las razones son muy variadas, ya sea por cuestiones de índole personal: ideológicas, la búsqueda de un trato humano más cálido, la desesperación y el aparente efecto positivo en un amigo o familiar; o de influencia social, y, en este aspecto, no se libra nadie: “autoridades, universidades, medios de comunicación y, también, médicos y farmacéuticos, cada uno en su campo, son responsables de la aceptación social y la normalidad con la que la gente sigue y paga tratamientos que no cuentan con ningún aval de su eficacia”. Resulta paradójico que, en ocasiones, seamos más exigentes a la hora de comprar un electrodoméstico o el último gadget de moda que cuando pretendemos cuidar uno de nuestros bienes más preciados: nuestra salud.

Pero, ¿por qué parece funcionar? El profesor Mulet nos recuerda el efecto placebo, es decir, la influencia de la actitud y motivación del paciente en el tratamiento de la enfermedad, y el fenómeno de regresión a la media que caracteriza a las enfermedades que siguen procesos cíclicos: empeoramiento y mejoría.

PseudomedicinaLa tercera parte, Pseudomedicinas y engaños varios, la más extensa del libro, se ocupa de hacer una revisión detallada de las terapias pseudomédicas más habituales: psicoanálisis, pensamiento positivo, fitoterapia, naturopatía, hidroterapia, aromaterapia, gemoterapia, cromoterapia, homeopatía, flores de Bach, medicina tradicional china, acupuntura, reflexoterapia, ETF-Tapping, reiki, medicina ayurvédica, osteopatía, quiropráctica y magnetoterapia.

Mención especial merece el último capítulo, titulado El corazón de las tinieblas, en las que Mulet alude a aquellas situaciones en las que la aberración se ha apoderado de nuestro juicio, como le ocurre a Kurtz en la célebre obra de Conrad. El autor nos recuerda “hay un lado muy oscuro, muy oscuro, que son las pseudomedicinas que realmente tratan de curarte afecciones graves y te inducen a que dejes los tratamientos convencionales. Estos tratamientos alternativos suelen acabar con la vida del paciente y los ahorros de la familia”. En este capítulo se analiza el uso de la pseudomedicina contra el cáncer en el que se encuentran posiciones tan peregrinas como que el cáncer es una reacción psicológica o un conflicto emocional y que hay que tratar de entenderlo, prescindiendo de toda medicación, o asumir que el cáncer se puede curar con alimentación. También se discute la negación de la utilidad de las vacunas o de la existencia del SIDA, aduciendo que fue un montaje de las farmacéuticas para vender retrovirales.

El libro finaliza con un epílogo que contiene un decálogo para evitar pseudomédicos del que nos gustaría resaltar el punto tres: “si parece una tontería, lo es”. Y es que llegamos a cuestionarnos, tras los últimos treinta años de avance social y tecnológico, si nuestro espíritu crítico no ha ido involucionando. Vivir en una sociedad hiperconectada como la nuestra con accesos a cantidades ingentes de información no sirve de nada si no tenemos la capacidad crítica para seleccionar la información correcta y adecuada a nuestras necesidades. Sin ese espíritu crítico, que debería fomentarse desde la escuela, no somos más que víctimas indefensas ante cualquier charlatán inteligente. Como afirma Mario Bunge: “es tonto, imprudente y moralmente erróneo afirmar, practicar o predicar ideas importantes que no hayan sido puestas a prueba o, peor aún, que hayan mostrado de manera concluyente ser totalmente falsas, ineficientes o perjudiciales”.

Se podría argumentar que algunas de estas falsas terapias son inocuas, como la homeopatía, que realmente son pastillitas de azúcar, pero no hemos de olvidar que el seguimiento de alguna de estas terapias puede evitar que el paciente busque un tratamiento efectivo. Y, desde este punto de vista, sí son peligrosas, sobre todo si nos encontramos antes dolencias graves. La pseudomedicina puede hacer daño aunque sea por omisión.

Tres aspectos que nos resultan preocupantes son, por un lado, el escaso rigor periodístico que existe cuando se tratan los temas de las pseudomedicinas, la indolencia de las autoridades sanitarias permitiendo ejercer a cualquiera, sin la más mínima titulación, como terapeuta y con procedimientos que no tienen evidencia científica contrastada y la colaboración de algunas universidades que ofrecen titulaciones relacionadas con estas falsas medicinas, ofreciendo un aura de seriedad a disciplinas que no lo son. Si los responsables de los medios de comunicación, con el impacto social que tienen, no son capaces de aplicar el máximo rigor cuando traten aspectos relacionados con la salud que no están avalados por ninguna evidencia científica, si las autoridades sanitarias permiten el ejercicio de actividades pretendidamente terapéuticas que pueden ser peligrosas, ya sea por acción u omisión, y si, hasta las propias universidades, que deberían ser centros de excelencia educativa y científica avalan dichas prácticas, resulta patente que aún queda mucho trabajo por hacer en la lucha contra la pseudomedicina.

Aunque, Mulet, utiliza en su obra un tono desenfadado e irónico, esto no nos debe llevar a engaño. Nos encontramos ante un libro serio y riguroso, de obligada lectura, en una época en que una parte de la sociedad ha perdido sus referentes y vaga a la búsqueda de la idea más pintoresca que pueda solucionar su vida y su salud.

Y nos gustaría terminar esta reseña compartiendo el deseo de Mulet: “sólo aspiro a que ante cualquier problema de salud, te pongas en mano de un buen profesional y no te dejes embaucar por ningún charlatán. Un gesto tan sencillo puede ahorrar mucho sufrimiento”. Hay que ir al médico, aunque no nos guste, pues es la mejor opción si uno se encuentra enfermo.

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