Los que andamos ya por los cuarenta y muchos hemos pasado de nacer en un universo en el que el único sistema planetario conocido era nuestro  sistema solar  a otro en el que abundan los planetas extrasolares.  A medida que se ha ido perfeccionando la instrumentación y las técnicas de observación es raro el día que no nos lleguen noticas de un nuevo exoplaneta descubierto.  En los últimos veinte años se han descubierto más de mil ochocientos exoplanetas y se estima que nuestra galaxia, La Vía Láctea, podría albergar, al menos, cien mil millones.  Estos exoplanetas presentan una variedad enorme de características y orbitan en torno a estrellas de todo tipo.  A la vista de esta diversidad algunos investigadores, como René Heller del Instituto Origins de la Universidad McMaster en Ontario, sugieren la posibilidad de que la Tierra no sea el mejor modelo de referencia a la hora de buscar vida fuera de nuestro sistema solar.

La TierraEs cierto que la Tierra, hasta el momento, es el único planeta que conocemos en él que se ha dado  el fenómeno de la vida. Es un mundo que presenta importantes cualidades: orbita en torno a una estrella tranquila de mediana edad que ha brillado con regularidad durante los últimos cinco mil millones de años,  cuenta con océanos de agua líquida al estar situada en la zona de habitabilidad de su sol, tiene el tamaño adecuado para retener una atmósfera de cierta entidad, alberga el suficiente calor en su interior para mantener una tectónica de placas que ayuda a regular el clima y posee un núcleo de hierro fundido en rotación que genera un campo magnético que nos protege de la radiación cósmica.

Pero no todo es perfecto en nuestro planeta, presenta extensas zonas poco habitables como son los desiertos, el océano abierto y las regiones polares. De hecho, los estudios  señalan que la Tierra es menos habitable en la actualidad que hace trescientos millones de años, en el Carbonífero,  y se tornará mucho más inhóspita para la vida en el futuro. Dentro de quinientos millones de años, la franja de habitabilidad del Sol se habrá desplazado situando a la Tierra en la zona de sobrecalentamiento con lo que la temperatura en la superficie se elevará dificultando la existencia de vida multicelular compleja. Dentro de mil setecientos cincuenta millones de años la luminosidad del Sol será de tal magnitud que se evaporarán los océanos y se exterminará cualquier forma de vida que exista en la superficie. Dentro de cinco mil millones de años el Sol se convertirá en una gigante roja engullendo a Mercurio y Venus, y, quizás a la Tierra.

Surge así el concepto de mundo superhabitable, un planeta más apto para la vida que la Tierra.

¿Qué características debería presentar un mundo superhabitable?

Entre la supertierras detectadas, planetas con una masa inferior a diez veces la terrestre y un radio que oscila entre el de nuestro planeta y el de Neptuno, deberíamos considerar las de menor tamaño, hasta unas dos veces la masa de nuestro planeta que presenten una composicion similar con abundante hierro y rocas y una superficie rica en agua líquida. Algunas de estas supertierras orbitan en torno a estrellas enanas de tipo espectral M y K, las cuales son menores, más tenues y más longevas que nuestor Sol. Mediante simulación Heller ha demostrado que este tipo de supertierras son, hoy por hoy, los candidatos más prometedores a constituir mundos superhabitables.

Kepler-62f

El punto clave para la habitabilidad es la longevidad de la estrella anfitriona. Nuestro sol se encuentra aproximadamente en la mitad de su vida, estimada en diez mil millones de años, pero una estrella más pequeña de tipo K con una vida de entre veinte mil y cuarenta mil millones de años ofrece más tiempo para que surja la vida en el planeta, evolucione y se diversifique.  Su luz sería rojiza ya que su espectro estaría más desplazado hacia en infrarrojo que el del Sol, pero en un intervalo de frecuencias suficiente para permitir la fotosíntesis.

El planeta, al tener una masa mayor que la Tierra, retendría durante más  tiempo su calor interno, favoreciendo una tectónica de placas más activa, fundamental para mantener el ciclo del carbono que regula el clima del planeta, y un campo magnético más longevo. Su diámetro también sería un 25% mayor, lo que tendría como consecuencia un 56% más de superficie habitable.

  ¿Cómo sería la vida en un planeta así?

Como tendría mayor gravedad superficial que la terrestre, su atmósfera sería algo más gruesa y sus montañas se erosionarían con mayor rapidez; teniendo un aíre más denso y una superficie más plana.  En el caso de haber océanos, tendríamos un mundo de islas con un gran número de mares en lugar de enormes cuencas oceánicas, lo cual podría favorecer la biodiversidad; en la Tierra algunas de las zonas más ricas biológicamente son los archipiélagos.

Supertierra rocosa

Si, Heller y sus colaboradores están en lo cierto, estamos de suerte pues este tipo de mundos orbitando estrellas de tipo K resultan más sencillos de detectar que los sistemas tipo Tierra-Sol y, además, los datos sugieren que su abundancia relativa es mucho mayor. Un candidato perfecto podría ser el planeta Kepler-186f, descubierto en abril de 2014.  Por desgracia se encuentra muy lejos, a quinientos años-luz, para poder analizar sus propiedades.

Un atardecer en Kepler 186-f

Para encontrar un candidato más cercano tendremos que esperar a la puesta en funcionamiento del nuevo telescopio espacial James Webb cuyo lanzamiento se producirá en 2018 y la misión PLATO de la ESA, un observatorio espacial para la búsqueda de planetas extrasolares, previsto para 2024.

Quizás dentro dos décadas, los que andamos por cuarenta y muchos, podamos mirar al cielo y tener la certeza de que hay un mundo habitable en algún lugar de nuestra galaxia.

Investigción y Ciencia Marzo 2015Si queréis profundizar en este tema os animamos a acercaros al kiosco y adquirir el número de Marzo 2015 de la revista Investigación y Ciencia.  Además del interesante artículo del  Dr. Heller, podréis encontrar: Un punto débil de la resistencia bacteriana (Medicina), Un microscopio para el movimiento (Tecnología), Vida tras la muerte celular (Biología celular), El Ártico enferma (Salud), La evolución de la arquitectura (Biología), Las intrigantes matemáticas de Candy Crush (Computación) y Tras el rastro de los axiones (Física de partículas).

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