Galvani, Frankenstein y la electricidad de la vida

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«De la electricidad animal de Galvani al Frankenstein de Mary Shelley. Ilustración conceptual sobre las relaciones entre ciencia y literatura».
«De la electricidad animal de Galvani al Frankenstein de Mary Shelley. Ilustración conceptual sobre las relaciones entre ciencia y literatura».

¿Puede la electricidad devolver la vida a un cuerpo muerto? A finales del siglo XVIII, los experimentos de Luigi Galvani abrieron un debate científico sobre la naturaleza de la vida que, algunas décadas después, encontraría un inesperado reflejo en una de las novelas más influyentes de la literatura: Frankenstein, de Mary Shelley.

La electricidad animal

En la década de 1780, el médico y físico italiano Luigi Galvani (1737-1798), profesor de anatomía en la Universidad de Bolonia, comenzó una serie de experimentos que transformarían nuestra comprensión de la relación entre electricidad, nervios y músculos.

Galvani observó que las patas de una rana muerta podían contraerse cuando se establecía un contacto eléctrico adecuado. Aquellos movimientos sugerían que la electricidad desempeñaba algún papel en el funcionamiento de los organismos vivos.

En 1791 publicó sus resultados en De viribus electricitatis in motu musculari commentarius. Su interpretación era que los animales poseían una forma de electricidad propia, relacionada con la actividad nerviosa y muscular. Había nacido el concepto de electricidad animal.

Figura 1. Experimentos de Luigi Galvani sobre la electricidad animal. Grabado original publicado en De viribus electricitatis in motu musculari commentarius (1791), que muestra distintos dispositivos eléctricos y preparaciones de rana utilizados para estudiar la contracción muscular. Fuente: Luigi Galvani (1791). Dominio público. Wikimedia Commons.

Sin embargo, Alessandro Volta (1745-1827) sostuvo que buena parte de los fenómenos observados podían explicarse por la electricidad generada mediante el contacto entre metales diferentes. La controversia impulsó nuevas investigaciones y contribuyó al desarrollo de la pila eléctrica, presentada por Volta en 1800.

Hoy sabemos que la transmisión de señales nerviosas y la contracción muscular dependen de fenómenos electroquímicos asociados al movimiento de iones a través de las membranas celulares. Pero entonces las implicaciones de aquellos experimentos parecían mucho más extraordinarias.

Giovanni Aldini y los cuerpos que volvían a moverse

Su sobrino Giovanni Aldini (1762-1834) continuó investigando los efectos de la electricidad sobre tejidos animales y humanos. Realizó demostraciones públicas que causaron una profunda impresión entre sus contemporáneos.

Una de las más conocidas tuvo lugar en Londres, en enero de 1803. Aldini aplicó estimulación eléctrica al cadáver de George Forster, un hombre que acababa de ser ejecutado. Se observaron contracciones musculares, movimientos de la mandíbula y de algunas extremidades.

Figura 2. Experimentos de Giovanni Aldini sobre el galvanismo. Ilustración de su obra Essai théorique et expérimental sur le galvanisme (1804), en la que se representan dispositivos utilizados para investigar los efectos de la electricidad sobre tejidos animales. Fuente: Giovanni Aldini (1804). Dominio público. Wikimedia Commons.

Aldini no había devuelto la vida al ejecutado: las corrientes provocaban contracciones en tejidos que conservaban capacidad de respuesta. Sin embargo, las demostraciones alimentaron una pregunta que desbordaba la investigación experimental: ¿y si la electricidad fuese la fuerza capaz de separar la vida de la muerte?

El verano de 1816 y el nacimiento de Frankenstein

En el verano de 1816, Mary Godwin, posteriormente Mary Shelley (1797-1851), se encontraba cerca del lago de Ginebra junto a Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y John Polidori. Aquel verano fue excepcionalmente frío y lluvioso, tras las alteraciones climáticas asociadas a la erupción del Tambora el año anterior.

Entre las conversaciones del grupo figuraban cuestiones sobre la naturaleza de la vida, el galvanismo y la posibilidad de reanimar materia muerta. Byron propuso que cada uno escribiera una historia de fantasmas. Mary concibió entonces una historia sobre un científico obsesionado con descubrir el principio de la vida.

La novela, publicada anónimamente en 1818, recibió el título de Frankenstein o el moderno Prometeo. No surgió exclusivamente de los experimentos eléctricos: también intervinieron debates sobre el vitalismo, ideas de Erasmus Darwin y preocupaciones del Romanticismo acerca de los límites del conocimiento.

En la introducción a la edición de 1831, Shelley recordó aquellas conversaciones y mencionó expresamente el galvanismo como una posibilidad discutida en relación con la reanimación.

¿Fue realmente la electricidad la que dio vida a Frankenstein?

Nuestra imagen de Frankenstein está profundamente asociada a relámpagos, enormes máquinas y descargas eléctricas. Sin embargo, en la novela original Mary Shelley nunca identifica explícitamente la electricidad como el mecanismo que anima a la criatura.

Figura 3. Escena de la película Frankenstein (1931), dirigida por James Whale. La adaptación cinematográfica popularizó la imagen de la criatura cobrando vida mediante dispositivos y descargas eléctricas, un mecanismo que Mary Shelley nunca describió explícitamente en su novela original de 1818. Fuente: Frankenstein (1931), Universal Pictures.

Victor Frankenstein descubre el secreto de la animación de la materia, pero el procedimiento permanece impreciso. Shelley habla de instrumentos y de una chispa de vida, sin describir el sistema eléctrico popularizado posteriormente por el cine.

El investigador Ulf Houe examinó esta distancia entre el texto y sus interpretaciones en Frankenstein Without Electricity (2016). Los experimentos de Galvani y Aldini constituyen un contexto científico decisivo, pero no permiten afirmar que la novela describa literalmente una resurrección mediante electricidad.

Quizá esa ausencia de una explicación técnica detallada contribuya a la fuerza literaria de la obra: el verdadero problema no es cómo funciona la máquina que crea vida, sino qué sucede cuando el ser humano adquiere un poder para el que no está preparado moralmente.

La ciencia y los límites de la creación

Frankenstein suele considerarse una de las obras fundacionales de la ciencia ficción moderna. El origen de la criatura no es sobrenatural, sino el resultado de una investigación científica. Victor Frankenstein no recurre a la magia: busca comprender las leyes naturales y utilizarlas para crear vida.

El subtítulo, El moderno Prometeo, remite al titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad. El fuego representa tanto el conocimiento como el poder transformador de la técnica.

Shelley introduce una dimensión todavía relevante: la responsabilidad del científico ante las consecuencias de sus descubrimientos. El problema de Victor Frankenstein no es únicamente haber creado un ser, sino su incapacidad para asumir las responsabilidades derivadas de su creación.

¿Todo aquello que podemos hacer debería hacerse? ¿Qué obligaciones tenemos hacia aquello que creamos? Son preguntas que reaparecen, en circunstancias muy diferentes, en los debates actuales sobre ingeniería genética, biotecnología e inteligencia artificial.

De las patas de rana a una criatura literaria

Los experimentos de Galvani no devolvieron la vida a los muertos. Su importancia científica fue contribuir al conocimiento de la relación entre electricidad y funcionamiento neuromuscular, un paso hacia la electrofisiología moderna.

Sin embargo, sus consecuencias culturales fueron mucho más allá del laboratorio. Las contracciones de las patas de una rana, las demostraciones de Aldini y los debates sobre la naturaleza de la vida formaron parte del ambiente intelectual que alimentó la imaginación de Mary Shelley.

De aquella confluencia entre ciencia, filosofía y literatura nació una obra que, más de dos siglos después, continúa invitándonos a reflexionar sobre los límites del conocimiento científico. Los descubrimientos científicos no solo transforman nuestra comprensión de la naturaleza: también modifican nuestra manera de imaginar lo posible.

Referencias y lecturas complementarias

Shelley, M. (1818). Frankenstein o el moderno Prometeo. Véase también la introducción de la autora a la edición de 1831.

Houe, U. (2016). Frankenstein Without Electricity: Contextualizing Shelley’s Novel. Studies in Romanticism. https://doi.org/10.1353/srm.2016.0034

Sha, R. C. (2012). Volta’s Battery, Animal Electricity, and Frankenstein. European Romantic Review. https://doi.org/10.1080/10509585.2012.639182

López-Valdés, J. C. (2018). From Romanticism and fiction to reality: Dippel, Galvani, Aldini and “the Modern Prometheus”. Gaceta Médica de México. https://doi.org/10.24875/gmm.17002889

Ruston, S. (2005). Resurrecting Frankenstein. The Keats-Shelley Review. https://doi.org/10.1179/ksr.2005.19.1.97