La película Love Actually (Richard Curtis, 2003) nos recuerda que el amor está en todas partes. Basta con detenerse unos minutos en la terminal de llegadas de un aeropuerto para descubrirlo en abrazos, miradas y reencuentros.
Con la ciencia sucede algo parecido. No es solo un método para comprender la naturaleza; es también una de las expresiones más profundas de nuestra cultura. Como toda manifestación cultural, refleja las preguntas que una sociedad se hace sobre sí misma, así como los miedos y las esperanzas de cada época.
Ciencia de película nace precisamente de esa convicción. No se limita a utilizar el cine para explicar conceptos científicos. Lo convierte en el punto de partida para reflexionar sobre el conocimiento científico, sobre quienes lo construyen y sobre la influencia que la ciencia ejerce sobre nuestra cultura y nuestra visión del mundo. El libro propone un diálogo entre dos manifestaciones culturales que llevan más de un siglo influyéndose mutuamente: la ciencia y el cine.
Escrito por investigadores del Instituto de Física de Cantabria, el libro reúne ocho películas muy diferentes entre sí que sirven de hilo conductor para una conversación científica tan amena como rigurosa. Todos ellos aportan su propia mirada, lo que explica la diversidad de enfoques que encontramos a lo largo del volumen.
La selección resulta especialmente variada. Conviven un clásico como La ventana indiscreta, obras de ciencia ficción como Contact, Interstellar, Her o Tenet, la animación de Big Hero 6, el universo de superhéroes de Ant-Man y el relato histórico de Figuras ocultas. Lejos de ofrecer un canon del cine científico, la selección muestra distintas maneras en las que el séptimo arte puede dialogar con la ciencia. Esa diversidad impide que el libro se dirija a un único tipo de lector: basta con haber disfrutado de algunas de estas películas para sentirse invitado a participar en la conversación.
Uno de los mayores aciertos del volumen es que cada autor aborda de una manera distinta el diálogo entre ciencia y cine. En algunos capítulos el diálogo entre ciencia y cine encuentra un equilibrio especialmente logrado. Es el caso de Her, Big Hero 6 o Figuras ocultas, donde la narración cinematográfica y la reflexión científica parecen avanzar de la mano, enriqueciéndose mutuamente. Son textos especialmente inspirados, en los que el lector termina comprendiendo mejor tanto la película como las preguntas científicas que plantea.
En otros casos el vínculo resulta algo más forzado. La ventana indiscreta, por ejemplo, exige un ejercicio interpretativo mayor para establecer ese puente entre la obra cinematográfica y la ciencia. El resultado sigue siendo interesante, aunque transmite la sensación de que la película funciona más como punto de partida que como auténtico hilo conductor.
Existe además un tercer enfoque, representado por capítulos dedicados a Contact, Interstellar o Ant-Man. Aquí el protagonismo recae claramente sobre la ciencia. La película sirve como puerta de entrada a cuestiones que van desde la búsqueda de inteligencia extraterrestre hasta la relatividad, los agujeros negros o las sorprendentes propiedades del mundo cuántico. El lector que busque ampliar sus conocimientos científicos encontrará en estos capítulos un tratamiento especialmente sólido, aunque el análisis cinematográfico pase a un segundo plano.
Quizá esa diversidad de enfoques sea precisamente una de las fortalezas del libro. No existe una única manera de relacionar cine y ciencia, y cada autor encuentra su propio equilibrio entre ambos mundos. Lejos de generar una sensación de falta de unidad, esa pluralidad aporta dinamismo a la lectura y evita que los capítulos resulten repetitivos.
Un aspecto que merece destacarse es el tono. Aunque todos los autores son científicos, el libro rehúye el exceso de tecnicismos y mantiene en todo momento una escritura clara y accesible. No pretende impresionar al lector con su nivel de especialización, sino invitarlo a descubrir que detrás de muchas películas se esconden preguntas científicas fascinantes. Incluso en los capítulos dedicados a conceptos más complejos, la explicación permanece cercana y fluida.
Confieso, además, que llegué al libro sin haber visto cuatro de las ocho películas seleccionadas —Her, Big Hero 6, Ant-Man y Tenet—. Lejos de ser un obstáculo, esa circunstancia terminó convirtiéndose en otra de las virtudes del libro. No solo pude seguir la lectura sin dificultad, sino que terminé con ganas de ver varias de esas películas después de descubrir las preguntas científicas que esconden.
En definitiva, Ciencia de película no es un libro exclusivamente para cinéfilos ni tampoco una obra destinada a lectores con una sólida formación científica. Es un libro para cualquiera que disfrute descubriendo cómo dos expresiones fundamentales de nuestra cultura pueden dialogar y enriquecerse mutuamente. Porque, igual que Love Actually nos recuerda que el amor está en todas partes, Ciencia de película nos invita a descubrir que la ciencia también lo está. Basta con mirar la pantalla con otros ojos.
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